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Una larga tira de masa se sumerge lentamente en aceite hirviendo. La gente espera por sus órdenes de churros fuera de la estación de metro San Juan de Letrán y no se pierde un segundo del espectáculo en torno a la caldera de peltre. El asombro se prolonga, pues crear cada obra de arte frita implica una cadena entera de producción: rescatar la pieza de la piscina que borbotea, escurrir, cortar, azucarar... Hasta que suena el grito de guerra: “¡Orden lista!”

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Las meseras vestidas de rosa pastel libran batallas contra pedidos interminables. Pero se lanzan al ruedo con buenas intenciones. Sus armas son charolas de metal repletas de armisticios con aspecto de antojo.

Rosita es una de ellas. Circula entre las mesas con prisa, pero sonríe; ondula los encajes de su mandil al tiempo que entrega encargos humeantes y picosos. En El Moro ya no todo es dulce. La tradición cambió y ahora las tortas son la segunda especialidad de la casa, con todo lo que ello implica. Los ventiladores infatigables esparcen en el sitio, establecido como tal desde 1935, una mezcla vertiginosa de olores.

Haga calor o frío, nunca faltan malteadas servidas, ni paquetes españoles, franceses y mexicanos (churros más chocolate muy dulce, sabor vainilla y el más ligero de la casa, respectivamente) haciendo felices a estómagos ávidos de carbohidratos.

Todos comen, sorben, se imponen a lo picante, vuelven a pedir y reviven el espíritu familiar del sitio. Muchos siguen la telenovela que se transmite en las pantallas planas; otros discuten sobre la actuación del derechista que ocupa la presidencia de la República.

El día transcurre entre bocado y sobremesa; al ritmo de los comensales, migran platos y tazas. “Así es casi siempre. Aunque vendemos mucho más los fines de semana y en la época invernal”, dice Elena, la mujer a cargo de llevar la cuenta de cada mesa desde hace 37 años.

En la atmósfera de la churrería escurre el tiempo. Las paredes exhiben fotografías en blanco y negro de los inicios de este negocio, creado por una familia española que huía de la Guerra Civil de su país. Mientras organiza más de una docena de pequeños papeles amarillos con montos garabateados, Elena da pinceladas de esa historia. “No muchos saben que los churros nacieron en España”, completa.

Según relata, gran parte del inmobiliario es original. Los azulejos de los muros, los pisos bruñidos por el uso y las sillas de madera rústica no pueden mentir. No obstante, el presente también se instala como una paradoja: una red de WiFi disponible flota al mismo nivel que los recuerdos de tiempos pasados.

Estar aquí es montarse en los hombros de una tradición. Más de un nombre reconocible ha probado las mieles de este lugar, del que puede salirse con una crujiente evidencia pagando por ella apenas tres pesos y cincuenta centavos mexicanos.

Elena pasa lista a su memoria: Rocío Dúrcal, Armando Manzanero, Pompín Iglesias, Lolita Ayala, Laura Zapata, Blanca Guerra, Susana González, algunos diputados ignominiosos… “Por desgracia, muchos de nuestros clientes célebres ya fallecieron”, apunta.

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Afuera, trepidan las bocinas de los autos; adentro, a pesar de las oleadas de charolas metálicas que esquivan cabezas de parroquianos, reina una tranquilidad que sólo produce el deleite bien consumado. Es la paz de El Moro, el paraíso que aguarda fuera del metro San Juan de Letrán.
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churros cerca del metro San Juan de Letrán,
El experto en chocolate caliente y churros, desde 1935 este lugar se ha dedicado al sabor y tradición en churros, un lugar donde aún puedes ver a las meseras vestidas con uniforme de color pastel y zapato blanco, donde en la carta solo encontraras bebidas calientes, malteadas y churros, no hay más y ¿Por qué? Porque no necesita nada más para ser fabuloso, tiene el mejor chocolate caliente que si estas triste una taza de un semi-amargo especial te hará sonreír de nuevo, si estas en busca de una caminata tranquila y algún aperitivo, no lo pienses más camina desde la torre latino al Moro y tu noche será perfecta, y además podrás ver como se hacen estos deliciosos churros, y su espolvoreada de azúcar extrema , con tanto sabor en tu paladar, ve acompañado o solo, la buena taza de chocolate caliente es para todo momento, aunque seguramente si traes a tu familia te contaran historias increíbles de ese lugar cuando ellos lo descubrieron. Es un espectáculo ver cómo se preparan los churros, que se pueden comer ahí o llevar a casa en una bolsita de papel. Un lugar muy tradicional, perfecto para platicar con una amiga o tomar de la mano a tu pareja mientras disfrutan una taza de chocolate. Las pinturas y azulejos van de acuerdo con el estilo del lugar.El Moro se ha convertido en un lugar legendario al que acudían nuestros abuelos, más famoso desde que hace años se incendió; desde siempre no ofrece mucho más que un ambiente con reminiscencias madrileñas en vitrales y una exquisita orden de chocolate amargo o dulce con sus churros de masa de trigo al aceite, solitos o con azúcar y canela.
La calidad del servicio depende de la cantidad de afluencia de gente que haya en el lugar, pero en general, siempre es muy ágil y eficaz.
Lo que no me gusta es que las veces que he ido, se tardan un poco en servir tu pedido. Una vez estaba repleto el lugar y se tardaron casi 30 minutos en atenderme

No has comido churros si no son del moro. Después de cazar una mesa vacía (si vas en hora pico) y estirar el pescuezo para que una mesera te pele, disfrutarás de los churros y el chocolate con más historia. Y las malteadas no se quedan atrás... Es toda una experiencia. Decoraciones de talavera, precios accesibles y una galería de fotos históricas. Adoro ese lugar.
La Churrería El Moro es histórica y tradicional. La primera vez que fui era diciembre, se acercaba la navidad. Salí con mis amigos hacia el Zócalo de la Ciudad de México, pero al caer la noche el frío comenzó a helarnos. Buscamos un buen sitio donde refugiarnos y conversar sin problemas.

"El Moro", como le decimos a la churrería, era la mejor opción. Está muy cerca de la estación del Metro San Juan de Letrán y además, los precios son buenos, ni caro ni barato. El ambiente es agradable. Aunque si buscas ir a trabajar con tu lap top o algo parecido no es la opción, pues generalmente hay mucha gente y eso dificulta trabajar. Sobre todo si acudes cuando hace mucho frío. Sin embargo, sí es un genial lugar para charlar acompañado de tus seres queridos, sean amistades, familiares o colegas.

Ahí puedes encontrar ricos churros, de los más ricos y bien hechos. Puedes pedir café, chocolate espumosito, leche o lo que gustes, por supuesto, excepto bebidas alcohólicas. Con eso, solo o acompañado, te sientes satisfecho.

Recuerda que está chucherría es más que tradicional, tiene 79 años sirviendo a mexicanas y mexicanos, además de a turistas que vienen a probar las delicias de los churros, a quienes a veces conoces dentro de "El Moro".
Foto opinião do Tania sobre Churrería El Moro
Si no sabes que cenar, y estás cerca del Palacio de Bellas Artes, una muy buena opción es la "Churrería El Moro", con un ambiente de atención de los 60's, te transportarán a una década totalmente distinta.

Es un lugar ideal para cenar en compañía de tus amigos y disfrutar de una amena charla.

Su costo individual es menor a $60.00, por lo que es muy accesible.

Se ubica en Eje Central Lázaro Cárdenas 42, Cuauhtémoc, en la Ciudad de México.
Es un buen lugar para comer churros y tomar chocolate. Ademas de que se encuentra en el centro histórico, te tratan bien, hay churros para llevar, y te atienden rápido, no es caro y esta abierto las 24 horas.
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